jueves, 13 de agosto de 2015

Soñador

De los desastres que le ocurrieron al soñador de un sólo ojo. 30 mil historias más para bajar la guardia y convertirse en pescador de pensamientos rapaces sin contento.

Vera era la hija de un pensador, nunca conforme se escapó de su casa de pesadillas, atrancó la puerta por debajo de la rejilla de las ardillas locas que la perseguían cada noche y murió sola.

Guillermo dormía en un tragaluz, cubierto de velas y sin cerillos para no despertar a nadie. Un día despertço convertido en jabón, voló convirtiéndose en burbujas al tratar de conseguir agua para poder abrir los ojos, no pudo ver nada.

Alicia no cayó, se fue volando y no regresó. Muchos corrieron a buscarla pero jamás la encontraron. Desierto, desierto y nunca la encontraron, desierto de postre para las mejillas concavas de tus abrazos, quietas como los mares cuando traen sargazos.

Claudia cambió de nombre, bajo la tutela de la tía Erbunda y durante las cuatro estaciones que permaneció en su casa nada parecía calmarla, buscaba y encontraba, escondía y volvía a buscan, a encontrar y a esconder, y en eso consistía su día de la mañana al mediodía, cuando hacía una pausa para comer y volvía a buscar, a encontrar y a esconder. Triángulos cuadrados y dodecaedros redondos me dijeron loca -dijo un día- hasta que murió cansada de todo y de que su boca no se detuviera.


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